lunes, 1 de septiembre de 2014

Benedito Ferraro: "La profecía se articula hoy con una dimensión más colectiva"

"Las CEBs continúan abriendo caminos en la defensa de los pobres"
Benedito Ferraro es uno de los teólogos brasileños más influyentes en las últimas décadas, lo que es corroborado en sus múltiples escritos, conferencias, aulas universitarias. Su fama se extiende no sólo a lo largo y ancho de este inmenso país, sino que traspasa las fronteras para propagarse por toda Latinoamérica y diversos países europeos.
Nacido en 1946, desde 1971 forma parte del clero de la archidiócesis de Campinas, en el estado de São Paulo. En sus más de 40 años de ministerio sacerdotal siempre ha acompañado a las comunidades eclesiales de base, de las que ha sido asesor a nivel diocesano, nacional y continental. Sus ideas siempre han estado influenciadas por la Teología de la Liberación. En esta entrevista nos ayuda a entender un poco mejor la evolución histórica de las comunidades eclesiales de base y los aspectos que las definen actualmente.
La Iglesia brasileña, que hace treinta años estaba muy influida por las CEBs, la Teología de la Liberación, por el compromiso social, ha evolucionado. ¿Cuáles son las causas y las consecuencias de esa evolución?
Tenemos que recordar que las comunidades eclesiales de base se iniciaron a finales de la década de cincuenta, tuvieron su desarrollo en la década de sesenta y de modo especial a partir de Medellín, influyendo en la estructura eclesial, pudiendo hablar del nacimiento de las comunidades en Medellín, o mejor de su reconocimiento, de la confirmación en Puebla y de alguna manera de un reconocimiento en el Documento 25 de la CNBB, Conferencia Nacional del Obispos de Brasil por sus siglas en portugués (publicado en 1982), que dice que las comunidades eclesiales de base son un nuevo modo de ser Iglesia.
¿Y cómo entender ese nuevo modo de ser Iglesia?
Es un nuevo modo de vivir la fe, de transmitir la fe y de celebrar la fe. Durante todo ese proceso, estábamos en un régimen político de dictadura, y las comunidades tenían un proceso de enfrentamiento de prácticamente todos los problemas políticos, sociales, económicos, culturales. A partir del proceso de abertura política, las CEBs colaboraron mucho en el apoyo a las luchas populares, a las luchas sindicales y también de los partidos políticos, de modo especial del Partido de los Trabajadores en sus inicios, donde un gran número de miembros de las CEBs acababan entrando en esos diferentes espacios de la sociedad.
En este proceso hubo un momento de abertura de la Iglesia y, por tanto, de avance de las comunidades, y un segundo momento de recentralización de la Iglesia, de modo especial a partir de la mitad del papado de Juan Pablo II y todo el papado de Benedicto XVI. Tuvo lugar un proceso de nombramiento de obispos identificados con un modelo eclesial más cerrado y tradicional, lo que provocó que las comunidades se viesen influenciadas, en consecuencia del ataque a la Teología de la Liberación y a las comunidades eclesiales de base. Es en este contexto en el que hemos pasado estos diez últimos años.
¿Qué define hoy la vida de las CEBs?
Una tentativa de retomar la eclesiología del Pueblo de Dios, asumiendo las grandes luchas, que hoy no son económico-políticas y sí culturales, étnicas, en la defensa de los indígenas, de los afro-descendientes, y también una gran atención a la cuestión de género, de la lucha de las mujeres, de muchas mujeres que participan de las comunidades, de los grupos de mujeres, del movimiento de las mujeres, de la marcha mundial de las mujeres...
Este nuevo rostro de las comunidades ha ayudado también a una nueva lectura de la Biblia, que tiene esos componentes. Un nuevo modo de leer la Biblia a partir de los pobres, trabajadores y campesinos, de la mujer y, por tanto, de las relaciones de género, de los afro-descendientes y de los pueblos indígenas, intentando realizar la inculturación. Y consecuentemente una nueva forma de celebrar.
Este movimiento no se hizo sin enfrentamientos, sin conflictos con esta nueva jerarquía de la Iglesia, que en aquel momento ya no aceptaba la perspectiva eclesiológica de las CEBs como Pueblo de Dios. Los enfrentamientos fueron en este sentido y provocaron muchas persecuciones, mucha gente que tuvo que quedarse callado, y consecuentemente un cierto retroceso, menos presencia en los medios de comunicación y también en las universidades y la entrada con mayor fuerza del movimiento carismático. Participando de la Ampliada Nacional de las CEBs se percibe que de una forma o de otra las CEBs resisten y ahora pienso que estamos entrando en un nuevo momento a partir del Papa Francisco.
¿Cuáles serían las dificultades para ser Iglesia de CEBs en la actual situación social y eclesial aquí en Brasil?
Tenemos que observar lo siguiente, la nueva ola neoliberal produjo un efecto tremendamente duro en relación al subjetivismo y al individualismo, un descrédito de las instituciones, con lo que la Iglesia acabó entrando en este proceso, así como la familia, los partidos políticos, los sindicatos. De tal forma que hubo una disolución de aquella perspectiva colectiva y comunitaria y consecuentemente política.
Hoy, en la unión entre fe y vida, en la retomada de las luchas está, desde mi punto de vista, la mayor dificultad, pues ya no tenemos definido un canal que pueda aglutinar las diferentes pequeñas luchas para pensar en un proyecto de sociedad, un proyecto de nación.
El tema del último Intereclesial hablaba sobre justicia y profecía, ¿la lucha por la justicia, ser profeta se ha vuelto una cosa extraña en la Iglesia de hoy?
En la perspectiva de las comunidades ellas continúan teniendo esa dimensión profética, pero más en una perspectiva colectiva que personal, a pesar de que hoy continúa habiendo mártires, sobre todo en la lucha ecológica y en la lucha por la tierra y también en medio de los pueblos indígenas. Pero la profecía hoy está articulándose con una dimensión más colectiva. En el interior de la Iglesia las CEBs continúan haciendo ese papel de abrir caminos, de continuar luchando en la defensa de los pobres y consecuentemente encontrar alternativas para un nuevo modelo de sociedad.
Texto Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil - Religión Digital

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