Este domingo 19 de julio, el país rinde homenaje a los más pequeños. La fecha, consolidada en 1990 tras la ratificación de la Convención sobre los Derechos del Niño, invita a reflexionar sobre la protección legal que brinda la LOPNNA y las necesidades urgentes de la infancia en materia de salud, educación y contención emocional.
Redacción – Como dicta la tradición de cada tercer domingo de julio, este domingo 19 los hogares del país conmemoran el Día del Niño y la Niña.
La jornada, más allá de ser un espacio para la recreación y el esparcimiento familiar, se erige como una tribuna indispensable para visibilizar los derechos de los más pequeños, evaluar los desafíos que impone el contexto actual y recordar la responsabilidad compartida de asegurarles un desarrollo pleno.
Un compromiso histórico y legal
En Venezuela, el respaldo institucional a esta festividad cobró fuerza y carácter oficial a partir del 29 de agosto de 1990, cuando el país promulgó la Ley Aprobatoria de la Convención sobre los Derechos del Niño (suscrita ante las Naciones Unidas).
A partir de ese hito, el tercer domingo de julio se instauró en la memoria colectiva como el día para exaltar el valor de la infancia y comprometerse con su resguardo.
Hoy en día, la niñez venezolana se encuentra amparada y defendida por la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNNA). Este instrumento jurídico consagra a los menores como sujetos plenos de derecho y establece el principio rector del "Interés Superior del Niño".
La legislación obliga de manera irrenunciable al Estado, a las familias y a la sociedad a garantizar sus derechos a la vida, un nivel de vida adecuado, educación, salud y a la protección contra cualquier forma de abuso o explotación.
Prioridades para la infancia en tiempos actuales
Frente a la coyuntura contemporánea, las dinámicas sociales y económicas exigen que la mirada hacia la niñez no se limite a la celebración de un día. Para proteger verdaderamente a la infancia venezolana en estos tiempos, es imperativo atender áreas críticas:
Nutrición y salud integral: Garantizar el acceso a una alimentación balanceada y atención médica oportuna para prevenir la desnutrición y asegurar un desarrollo físico e intelectual adecuado.
Educación continua y de calidad: Frenar la deserción escolar, mejorando las condiciones del sistema educativo y ofreciendo herramientas pedagógicas que motiven el aprendizaje.
Acompañamiento psicoemocional: Brindar contención y apoyo psicológico frente a realidades complejas, como la separación de los hogares a causa de la migración o el estrés derivado de las crisis socioeconómicas.
Entornos seguros: Promover espacios libres de violencia intrafamiliar y comunitaria, donde el buen trato sea la norma.
Un llamado espiritual a la acogida
La defensa de los infantes trasciende lo jurídico para convertirse en un profundo mandato humano y espiritual. En el marco de esta celebración, las comunidades de fe recuerdan el valor sagrado que tiene la primera etapa de la vida y la obligación moral de protegerla.
Este compromiso encuentra su mayor y más perdurable referencia en las enseñanzas de los Evangelios, cuando Jesús rompió los esquemas de su época para otorgarles a los más pequeños un lugar central, dejando unas palabras que hoy resuenan como un llamado al amor y la inclusión:
"Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios". (Marcos 10:14)
La conmemoración de este 19 de julio invita a toda la sociedad a hacer eco de estas palabras: acoger a la infancia, no impedir su crecimiento integral y trabajar unidos para construir un país donde puedan desarrollarse con plenitud, alegría y dignidad.

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