En una emotiva eucaristía concelebrada por los párrocos de San Ignacio de Loyola y San José Obrero, la joven pareja, Edgarlys e Iván, unieron sus vidas ante el altar, reafirmando el valor de la institución familiar como pilar fundamental de la Iglesia y la sociedad.
Maturín – En el contexto social que desafía constantemente los compromisos a largo plazo, los jóvenes Iván Simosa y Edgarly Mendoza pronunciaron un firme "sí, acepto" ante el altar de la Parroquia San Ignacio de Loyola.
La sagrada liturgia se llevó a cabo a las 11:30 a.m. de este sábado 20 de junio de 2026, constituyendo no solo una entrañable celebración familiar, sino un luminoso testimonio para toda la comunidad eclesial sobre la vigencia, la belleza y la trascendencia de la vocación al matrimonio católico en la capital monaguense.
El matrimonio como respuesta y misión compartida
El matrimonio cristiano, concebido desde la teología y la pastoral eclesial como un proyecto de vida fundado en el amor recíproco, la fidelidad incondicional y la corresponsabilidad, encontró en Iván Simosa y Edgarly Mendoza a dos firmes exponentes.
Frente a una asamblea conmovida y colmada de familiares, amigos y miembros de diversas pastorales, la unión de esta joven pareja representó una reafirmación de que el amor conyugal es una auténtica vocación de servicio, santidad y edificación de la "Iglesia doméstica".
Para la comunidad parroquial, este enlace matrimonial envía un mensaje potente a la juventud local: la decisión de consagrar el amor humano bajo la bendición sacramental es un camino de realización plena que enriquece el tejido social y comunitario.
Concelebración litúrgica: Símbolo de comunión eclesial
Un aspecto de profunda significación espiritual y comunitaria fue la concelebración de la Santa Misa. El rito del matrimonio estuvo guiado por el Padre José Javier Asarta SJ, párroco de San Ignacio de Loyola, en compañía del Padre Christian Rondón, párroco de San José Obrero.
Esta fraternidad sacerdotal en el presbiterio no solo realzó la solemnidad del sacramento, sino que simbolizó la estrecha comunión y el espíritu de colaboración que une a estas comunidades parroquiales de Maturín en el acompañamiento de la pastoral familiar y juvenil.
Durante la homilía, el padre Asarta exhortó a los nuevos esposos a edificar su hogar reconociendo a Jesús como el vino nuevo. Animó a practicar el perdón cotidiano, el diálogo transparente y la oración compartida.
Se destacó que el matrimonio no es una meta individual, sino una misión de puertas abiertas dispuesta a irradiar hospitalidad, justicia y solidaridad en su entorno.
Al término de la liturgia, entre aplausos y cantos de júbilo, la feligresía extendió sus oraciones por el éxito y la fecundidad de este nuevo hogar que hoy se constituye para la gloria de Dios.

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