Este viernes 24 de julio, la comunidad católica se congregó en las 33 parroquias, 3 vicarias y una rectoría de la diócesis de Maturín para orar por las victimas tras los inusuales movimientos telúricos acontecidos en Venezuela.
Maturín – Con un profundo sentido de recogimiento espiritual, monseñor Enrique Pérez Lavado, obispo de Maturín, animó la realización de una jornada especial de oración, al conmemorarse exactamente un mes del doblete sísmico que generó gran alarma en los venezolanos.
La iniciativa religiosa congregó a cientos de feligreses con el propósito de brindar consuelo, pedir por la tranquilidad de las familias y agradecer por la vida tras el fenómeno natural que sacudió con más fuerza al estado La Guaria.
Agradecimiento y fortaleza espiritual
Durante los
oficios religiosos y horas santas realizados en las diversas parroquias de los
trece municipios de la geografía monaguense, la feligresía se unió en plegarias
continuas.
El clero
local enfocó sus homilías en la importancia de dar gracias a Dios por la
protección recibida durante las horas de contingencia, recordando que la fe
representa un pilar fundamental para mitigar la ansiedad y superar la
incertidumbre que dejan este tipo de eventos naturales.
Las
oraciones también estuvieron dirigidas a fortalecer emocionalmente a aquellos personas
que aún experimentan temor o que sufrieron afectaciones materiales a causa de
los sismos, reafirmando que la Iglesia se mantiene como un espacio de refugio y
contención para todos.
Un llamado a la resiliencia comunitaria
En el marco
de esta conmemoración, la Iglesia católica monaguense aprovechó la oportunidad
para reiterar su mensaje de prevención y ayuda mutua.
Se exhortó a
los ciudadanos a no bajar la guardia en materia de seguridad, pero sobre todo,
a consolidarse como una comunidad solidaria y empática, dispuesta a tender la
mano al prójimo en momentos de vulnerabilidad.
La emotiva jornada concluyó con una bendición solemne para toda la ciudad de Maturín, acompañada de una invitación a seguir construyendo una sociedad resiliente, fundamentada en los valores cristianos y en la convicción de que, caminando juntos, es posible superar cualquier prueba.

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