Padre Daniel Figuera, SJ: "Dios se hace presente en el sufrimiento"

A poco más de un mes de los devastadores terremotos que sacudieron a Caracas, La Guaria y el norte del país el pasado 24 de junio, la comunidad jesuita continúa desempeñando un papel crucial en las labores de recuperación.


Redacción - 
En una reciente entrevista concedida al programa radial "Bienvenido a tu casa" (transmitido por la Red Nacional de Radio Fe y Alegría), el padre Daniel Figuera, sacerdote jesuita y rector del Colegio San Ignacio de Caracas, relató cómo la Iglesia ha transformado el dolor en una fuerza activa de servicio y apoyo para los damnificados.

El impacto inicial: Una ciudad bajo el polvo

El pasado 24 de junio, el padre Figuera se encontraba en las instalaciones del Colegio San Ignacio, en el municipio Chacao, cuando la tierra tembló violentamente. Afortunadamente, debido a la fecha, la institución se encontraba sin actividades académicas regulares.

Tras el cese del movimiento telúrico, el panorama visual era desolador. Figuera describió cómo el cielo de la ciudad se cubrió rápidamente con una "nube de polvo", consecuencia directa del colapso de edificios en zonas aledañas como Los Palos Grandes. 

Luego de verificar que el colegio y la residencia jesuita estuvieran fuera de peligro, la comunidad religiosa se movilizó inmediatamente para contactar a otros miembros de la congregación y comenzar a organizar la ayuda.

De la emergencia a la acción sostenida

La respuesta humanitaria no se hizo esperar. Identificando áreas críticamente afectadas como Los Palos Grandes, San Bernardino y el estado La Guaira, el Colegio San Ignacio y la comunidad jesuita articularon un operativo de apoyo integral que incluyó:

  • Instalación de centros de acopio: Para recolectar agua, ropa y suministros vitales.

  • Remoción de escombros: Voluntarios apoyando con excavaciones manuales antes de que los cuerpos del Estado pudieran ingresar con maquinaria pesada (topos).

  • Alimentación y refugio: Elaboración y distribución de comida caliente, además de la instalación de carpas como refugios temporales para quienes perdieron sus hogares.

  • Asistencia sanitaria: Un despliegue urgente de médicos y veterinarios (estos últimos de la Universidad Central de Venezuela) para socorrer a heridos y mascotas.

El padre Figuera destacó que este enorme esfuerzo civil ha sido posible gracias al trabajo mancomunado de antiguos alumnos, padres, representantes, voluntarios, Cáritas, Unidos en la Misión, Fe y Alegría, en coordinación con Protección Civil y diversas autoridades públicas.

Espiritualidad ignaciana: La fe frente a la tragedia

En medio de una catástrofe que dejó un saldo doloroso de personas fallecidas, desaparecidos y familias separadas, la entrevista también abordó el desafío espiritual. El sacerdote rechazó categóricamente la idea de un "Dios castigador". Por el contrario, aseguró que, desde la espiritualidad ignaciana, Dios se hace presente en el sufrimiento de los más débiles y en el servicio desinteresado de quienes brindan ayuda.

"Jesús resucitó y venció al mal, al pecado y a la muerte. Esa es nuestra esperanza, porque nosotros estamos en este momento padeciendo la cruz", reflexionó el rector del Colegio San Ignacio, recordando que el dolor actual es un tránsito hacia la superación y la esperanza.

El llamado: La emergencia continúa

A pesar de que las semanas han transcurrido, la crisis está lejos de superarse. El padre alertó sobre el peligro de normalizar la situación y creer que "ya pasó". La recuperación integral de las zonas afectadas tomará meses.

En este sentido, dejó un mensaje claro sobre las prioridades actuales para la ciudadanía:

  1. Mantener la solidaridad espiritual: Orar por los afectados, pedir fortaleza para las familias dañadas y no perder la empatía frente al dolor ajeno.

  2. Continuar con las donaciones: Aportar insumos, alimentos no perecederos y elementos de primera necesidad en los centros de acopio.

  3. Sumarse al voluntariado: Participar activamente apoyando en instituciones como Cáritas, Fe y Alegría, u otros refugios temporales habilitados.

La tragedia del 24 de junio dejó una profunda herida en el país, pero también ha evidenciado una red de apoyo inquebrantable que, desde la fe y el servicio civil, sigue trabajando para reconstruir las vidas de los venezolanos afectados.


Romer Bastardo



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