Maturín: Las Cayenas apuesta por la autogestión y la reconstrucción de su tejido social junto al Centro Gumilla
A través de dinámicas participativas y el diálogo comunitario, los habitantes del sector monaguense transformaron un instrumento de diagnóstico en una guía viva para el empoderamiento colectivo y la acción vecinal.
Maturín — Con el firme propósito de sanar las heridas generadas por el olvido institucional y fortalecer los lazos vecinales, se llevó a cabo un Encuentro de Acompañamiento Comunitario en el sector Las Cayenas de Maturín.
La actividad, impulsada por el Centro Integral Ignaciano a través del Centro Gumilla, se centró en ofrecer herramientas para la reconstrucción del tejido social de una comunidad que se caracteriza por su histórica capacidad de lucha.
La jornada estuvo liderada por Herminia Abad, coordinadora regional de Gumilla en el estado Monagas, y contó con la intervención estratégica de la profesora Mariannys Silva, quien fungió como facilitadora y fue la encargada de hilar las metodologías participativas durante el encuentro.
Un diagnóstico humano frente a la fragmentación
El contexto actual de Las Cayenas refleja una realidad compleja que viven muchas zonas del país: vías de acceso irregulares, servicios básicos intermitentes y una población juvenil que se debate constantemente entre el deseo de quedarse y la tentación de emigrar.
Sin embargo, el abordaje de Gumilla identificó que la mayor debilidad del sector no radica en la carencia material, sino en la fragmentación de su tejido social y la desconfianza acumulada por años de abandono.
Frente a esta adversidad, el encuentro logró visibilizar la mayor fortaleza del sector: su gente. Destacó especialmente el esfuerzo de grupos de mujeres de la comunidad, quienes, movidas por la solidaridad, se organizan de manera autónoma para la entrega semanal de alimentos.
"Espiral de voces" en lugar de encuestas
Rompiendo con los esquemas de evaluación tradicionales, la jornada se desarrolló en la capilla de la comunidad, donde los pupitres fueron sustituidos por un círculo de sillas que propició lo que los organizadores denominaron una "espiral de voces".
El instrumento de evaluación comunitaria no se aplicó como un simple cuestionario para llenar casillas, sino que operó como un puente para el diálogo. Cada pregunta sirvió como una invitación para que los vecinos recordaran su pasado, le pusieran nombre a su presente y soñaran su futuro.
De manera creativa, las respuestas no se limitaron al papel tradicional, sino que se plasmaron en hojas tipo postales, llenas de dibujos y versos, construyendo un mapa hecho de pasos compartidos.
El compromiso de la acción autónoma
El cierre de la actividad no representó una despedida, sino la consolidación de un compromiso vecinal. Los habitantes de Las Cayenas asumieron el reto de escribir el "después" a través de la autogestión y la constancia.
El equipo de Gumilla logró su cometido de empoderamiento: la comunidad dejó de ser únicamente un grupo "acompañado" por la institución, para convertirse en vecinos que se acompañan entre sí.
El instrumento de trabajo quedó en sus manos como una guía viva para recordar que las debilidades se convierten en fortalezas cuando se asumen en colectivo.
"Solo el amor convierte el hierro en flor".
Bajo esta máxima poética, el Centro Gumilla agradeció a todos los asistentes a la jornada de socialización, celebrando que en Las Cayenas "floreció el encuentro" y reafirmando el éxito de la misión del Centro Integral Ignaciano en la región.

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