Reflexión dominical exalta la "terquedad santa" del venezolano a través del Evangelio de la mujer cananea
La reflexión destaca cómo, en medio de las dificultades y del aparente silencio divino, la fe puede crecer y transformarse en una fuerza capaz de conmover a Dios.
Maturín — La liturgia de este domingo centra su mensaje en el pasaje bíblico de Mateo 15, 21-28, ofreciendo una profunda analogía entre la fe inquebrantable de una mujer extranjera y la resiliencia diaria de los ciudadanos venezolanos.
El mensaje
partió del relato bíblico donde Jesús se retira a la región pagana de Tiro y
Sidón, cruzando sus propias fronteras. Allí es abordado por una mujer cananea
que clama por la sanación de su hija, atormentada por un demonio.
A pesar del
silencio inicial de Jesús y de una respuesta aparentemente dura que comparaba
la entrega del pan de los hijos a los "perritos", la mujer no se
rindió y respondió con astucia y fe.
De acuerdo con
la reflexión compartida, esta escena desconcertante revela lecciones
fundamentales que se reflejan en la actualidad nacional:
- Dios
cruza fronteras y se hace presente en cualquier territorio, acompañando
tanto a quienes han tenido que emigrar como a los que permanecen en el
país.
- El
silencio divino no representa indiferencia, sino que funciona como una
invitación para que la fe del creyente madure y alcance una confianza
radical.
- La
actitud de la mujer ilustra la "terquedad santa" del amor, una
cualidad visible en las madres venezolanas que madrugan por medicinas, en
los abuelos que crían a sus nietos y en los jóvenes que buscan un trabajo
digno.
- El amor
verdadero y humilde tiene el poder de conmover el corazón de Dios,
demostrando que la gracia no tiene fronteras y alcanza para todos.
El mensaje
dominical concluyó invitando a los fieles a participar en la Eucaristía con la
misma humildad de la mujer cananea. Se recordó a los creyentes que acercarse a
pedir una "migaja" del pan consagrado es suficiente, pues al recibir
el cuerpo de Cristo se obtiene la sanación necesaria para la vida, la familia y
el país.
La jornada culminó con una oración dedicada a
pedir por esa "terquedad santa" que no permite que la desesperanza
gane la batalla.

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